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Full text of "La leyenda patria: Precedida de un juicio crt́icio del laureado y malogrado poeta Olegario V ..."

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LEYENDA PATRIA 

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OLEGARIO V. ANDRADE 



NUEVA EDICIÓN 

Í^EVISTA Y CORREGIDA POR EL AUTOR. 




MONTEVIDEO 

TirooiiAii.v Y Encl'ADEünacios* biá LA Lmr.EiJÍA Nacional 




i)K A. fíin-reiro y Huirnos, EDiron 



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Dli UN JUIOIO CllÍTICO DEL LAUREADO Y MALOGIl.VDO POETA 

OLEGARIO V. ANDRADE 



NUEVA EDICIÓN 

t^EYISTA Y CORREGIDA POH. EL AUTOR. 




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Th'OGkaiía y En"cl'ADi:i:nacion* dií la Lhuiüijía KaciüSal 
DE A. fíftrreiro y Rmnos, EDlTOu 




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LA 



LEYENDA PATRIA 



POR EL DR. D. mu ZORRILLA DE SAN MARTIN 



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n hombre puede mentir, pero un pueblo no. 

Los poetas son el pueblo cuyas glorias y cuyos dolores cantan, 
cuyo carácter definen. 

Hay en el alma de los pueblos, de los continentes y de las épo- 
cas de la historia, corrientes secretas cuyo murmurio son las odas, 
los himnos, las baladas y aun los epigramas. 

Pueblos que cantan, que suspiran, que gimen, que insultan ó 
que maldicen y blasfeman por labios de algunos de sus liijos, son 
seres privilegiados, dignos de envidia ó de compasión. 

Profetas que anuncian la ruina como el ave agorera, verdugos 
que desgarran las carnes con el látigo del epigrama, jueces que 

T sentón- 



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^UAN Zorrilla de ^an JMartin 

sentencian con la magestad de infalible criterio, aduladores que 
salpican de flores efímeras el manto de los reyes, ó queman á sus 
plantas el impuro incienso de la adulación, héroes que llevan tras sí 
las legiones á la gloria, histriones q\xe arraiitcaUvá las. masas al fango 
de la corrupción, filósofos que vindicmn la jnoral 'ultrajada, des- 
creidos infelices que insultan á la verdad y á la justicia con el sar- 
casmo y el escarnio, y, por fin, espíritus inspirados que penetran 
con el poder de extraña visión en los arcanos de lo infinito. 

Cada pueblo, cada época de la historia, ha tenido su fisonomía 
característica definida por sus poetas.* 

Los cantares del pastor, los himnos del guen-ero, los salmos del 
sacerdote, las máximdS del moralista, las magnas concepciones 
del épico y los cuadros animados del dramaturgo, son monumentos 
de la idea, del sentimiento y de las aspiraciones del pueblo. 

No ha quedado de las fenecidas naciones mas que su literatura, 
huella luminosa de su tránsito en la vida que la historia guarda con 
respeto y fidelidad. .^ -'• 

El Zend-Avesta, el Ramayano, la Iliada y la Eneida son el eco, 
son la huella, el reflejo, la estela luminosa de Persia, India, Grecia 
ó Roma. 

Cuando los cataclismos apenas sospechados y ni remotamente 
temidos hayan destruido ó modificado trascendentalmente los ele- 
mentos fisiológicos y sociales que forman la constitución alemana, 
francesa ó inglesa, la Mesiada, la Enrada, ó el Paraiso Perdido darán 
testimonio por el pensamiento y la palabra de Kolpstock, de Voltaire 
ó de Milton de lo que fueron, lo que pensaron, cómo sintieron y 
cuánto hicieron por la verdad, la belleza ó la bondad esos pueblos 
depositarios del arca santa de la civilización. 



II 



No hay 



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J-,A J^EYENDA ^ATRIA 



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No hay pueblo tan desgraciado que no tenga sus poetas, y 
puede llamarse muy feliz el que, como la República del Uruguay, 
cuenta entre sus hijos genios tan preclaros como el D.' Juan Zorrilla 
de San Martin. 

Zorrilla es un poeta verdaderamente uruguayo, como el otro 
poeta Zorrilla es verdaderamente español, y como Byron era esen- 
cialmente inglés. 

Hay realmente en el pedazo de tierra uruguaya, cuna feliz de 
Zorrilla de San Martin, algo que habla de libertad, de patria, de he- 
roísmo; en el murmullo de las olas que azotan sus costas, en la nota 
sonora de sus cascadas, en el murmurio de sus céfiros, se cree 
escuchar la voz elocuente de los tribunos, el rumor confuso de las 
turbas populares, el acento imperioso de los guerreros ó los himnos 
alegres del vencedor. 

Patria de héroes y de mártires, hay en la nota de sus bardos el 
acento marcial del guerrero, la increpación airada de la víctima ó, 
cuando más, la noble resignación del mártir; pero jamás el quejido 
de la debilidad torturada. 

Cada poema, cada leyenda, estrofa ó nota uruguaya está empa- 
pada de altivez heroica, de noble aspiración, de espíritu marcial y 
de fiera audacia que revelan al oriental orgulloso con las glorias de 
su patria, al poeta de imaginación ardiente, al héroe entusiasta, 
al bardo nervioso ó al orgulloso vencedor. 

La República del Uruguay es, de las naciones que viven sobre 
la costa del Atlántico, la que con mas vigor ha luchado por su 
propia independencia y el seguro imperio de la libertad, sin haber 
realizado, por decirlo así, de una manera definitiva la codiciada 
conquista. 



III 



La liber- 



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La libertad lia sido el sueüo de los uruguayos, la inusu de sus 
inspiraciones, el argumento constante de sus leyendas y la nieta 
perpetua de su política activa. 

Su historia está llena de episodios heroicos, de luchas sangrien- 
tas, de hazañas dignas de la lira y de la trompa épica. 

Pero si la guerra, hi hicha, la conspiración, han sido una necesi- 
dad en su vida política, el amor, las aventuras caballerescas, los ídolos 
uiás rientes form m el tejido de su vida interna. 
' Así debía ser : valientes, denodados y nobles sus hijos ; bellas, 
graciosas y seductoras como ningunas otras, sus hijas ; héroes y 
hadas en agitada lucha de pasiones, de aspiraciones y de pesares, 
debian producir también una pléyade gloriosa de bardos de viril 
entonación, de estro de fuego, de acento tempestuoso, de pujante 
aüento, de imajinacion dantesca y apocalípticos ensueños. 

Juan borrilla de San Martin, es uno de los más dignos cantores 
de las glorias uruguayas, uno de los más inspirados poetas de ambas 
márgenes del Plata, y de entonación propia más segura y mas ma- 
gistral. 

Sus cantos, como concepción, como contornos rítmicos, como 
cuadros de imaginación, son odas llenas de fuego, de inspiración, de 
nervio, como los poemas de Liona y de Pombo, que se alejan del 
sentimentalismo lírico y rayan en la fantasía épica, en la explosión 
volcánica de moles de ideas colosales mal aprisionadas dentro de la 
cavidad del cerebro, y que al estallar en notas múltiples, hacen el 
efecto de trompas, de huracanes y rayos. 

El D.'ZorrílIa reúne al vigor de la idea, la galanura del estilo, la 
novedad de las imágenes y la pureza escultural de los contornos ; 
espíritu, movimiento, forma y perfume; es un poeta de rara ento- 



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J^A J^EYENDA f^ATRIA 

nacían en que Be reñeju el vigor del estro, á la par que la delicade- 
za del sentimiento y la rigidez de los delineamientos. 

La Leyenda Patria, sobre todo, es la pieza en que el genio del 
poeta se destaca más brillante y digno del acontecimiento que le 
(»¡rve de argumento : es la hazaña gloriosa de los Treinta y Tres, 
que bien necesitaba un Zorrilla para su consagración poética, como 
ha tenido un Blanes para su inmortalizacion sobre el lienzo. 

La Leyenda Patria revela al poeta, al patriota, al alma templa- 
da al calor dé los elevados recuerdos, de las nobles aspiraciones y 
de la santa veneración por las glorias patrias; al literato culto y ga- 
lano, como al estético sagaz y diestro para herir el corazón y la fan- 
tasía. 

Los demás cantos compilados en el precioso folleto, que con ver- 
dadero deleite hemos leido, son dignos hermanos de la Leyenda 
Patria; pero, como en todas las constelaciones, hay una estrella 
que brilla más y oscurece un tanto á las hermanas. 

La forma escogida es apropiada al asunto, como lo son el metro 
y la estension. 

Las imágenes grandiosas son dignas del tema por su majestad, 
viveza, nervio y colorido. 

El adjetivo es valiente, apropiado y sonoro, el verso ñuido y el 
metro muy grave y flexible. 

Es una composición magistral que define el carácter, el genio y el 
mérito del autor, y honra altamente á las letras uruguayas, como el 
joven poeta honra á la patria de los héroes cuyas hazañas canta. 

Zorrilla de San Martin, es muy joven aún, aún tiene mucho que 
producir; las letras americanas, pues, esperan de su genio torrentes 
de luz, de armonías y de perfumes . 



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DE UN JUICIO CUÍTICO DEL LAUREADO Y MALOGUADO TOETA 

OLEGARIO Y. ANDRADE 



NUEVA EDICIÓN 

PREVISTA Y CORREGIDA POR EL AUTOR. 





MONTEVIDEO 



Tii'OGr.Ai'iA Y Encl-adf.kwciun' Diá x.\ LrBiiiiUÍA Kaciunal 
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jJUAN ^OI\RILLA DE ^AN JVIaRTIN 



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¡Lustro de maldición, lustro sombrío! 
Noche de esclavitud de amargas horas, 
Sin perfumes,. sin cantos, sin auroras, 
Vaga en la margen del paterno rio . . . 

De los llorosos sauces 
Que el Uruguay retrata en su corriente. 
Cuelgan las arpas mudas, 

¡Ay! las arpas de ayer que, en himno ardiente. 
Himno de libertad, salmo infinito, 
Vibraron, al rodar sobre sus cuerdas 
Las auras de las Piedras y el Cerrito. 
Hoy la mano del cierzo deja en ellas 
El flébil son de tímidas querellas. 



Apenas si un recuerdo luminoso 
De un tiempo no distante. 
De un tiempo asaz glorioso, 
Tímido nace entre la sombra errante 
Para entre ella morir; como esas llamas 
Que alumbrando la faz de los sepulcros. 
Lívidas un instante fosforecen ; 
Gomo esos lirios pálidos y yertos. 



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Desmavados 



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J-,A J^E YENDA f^ATRIA 



Desmayados suspiros de los muertos 
Que entre las grietas de las tumbas crecen. 

La fuerte cindadela, 
Baluarte del que fué Montevideo, 
Desnuda ya del generoso arreo, 

Entre las sombras vela 
El verde airón de su imperial señora, 
Que, en las almenas al batir el aire, 

Encarna macilenta 
La sombra vil de la paterna afrenta. 

Todo mudó én redor. .• campos, ciudades. 

Todo apenas se agita 
Y, del pecho en las negras soledades, 
El patrio corazón ya no palpita. 



II 



¡Y un pueblo alienta allí ! ¡Y entre e^^a noche, 
Vive en esclavitud un pueblo. . . y vive! 
¿Y ese es el pueblo rudo. 



Amamantado 



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jJuAN Zorrilla de ^an ]\4artin 



Amamantado ayer por la victoria. 

Que batalló frenético y sañudo, 

Y, al fin, cayó sobre el sangriento escudo. 

Envuelto en los girones de su gloria? 

¿Y es el que bravo, con robusta mano. 

De entre las fauces del léon ibero 

Arrancó ayer su libertad, que en vano 

El coloso oprimió, y entre las ruinas 

De la antigua grandeza 

Del vencedor del arbitro de Europa, 

Levantó la cabeza, 

De tempranos laureles circuida 

Y con sangre de mártires ungida? 

¿Y es la patria de Artigas la que vierte 

Lágrimas de despecho. 
Teniendo aún sapgre que verter, y alienta 
Esa vida engendrada por la muerte. 
Que sus memorias en baldón convierte, 

Y de su mismo oprobio se alimenta? 

¡Oh! nó, no puede ser. Pueblo, despierta; 
Arranca el porvenir de tu pasado; 
Levántate valiente, 



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Levántate 



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J-A J^EYENDA f*ATRIA 



Lováiitate á reinar, que de rey tienes 
El corazón y la guerrera frente. 

¿Será que de tus héroes, 
Los tiempos las cenizas esparcieron? 

¿Será que solo fueron ^ 
Sus esfuerzos de ayer, fugaz aliento 
Que pasó, como el ave que no deja 
«Ni rastro de sus alas en el viento»^ 
¡Oh! ¿Qué no habrá un recuerdo que levante. 
De la tumba musgosa del pasado. 
Un grito al sacrificio aparejado 

Que al opresor espante, 

Y con mano nervuda,, . 
El sueño de esos párpados sacudaíf 
¿Jamás la noche engendrará un delirio, 
La bíblica visión enardecida, 
Que á esa planta infehz dé aliento y vida 
Con el riego de sangre del martirio? 



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J. 



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yluAN Zorrilla de ^an JVIartin 



III 



Mirad : del Uruguay en las espumas. 

Del Uruguay querido, 
Brota un rayo de luz desconocido 
Que, desgarrando el seno de las brumas, 
Atraviesa la noche del olvido. 
Semeja el fleco ardiente que colora 
A la lejana estrella vespertina 
Que el sueño de las tardes ilumina. 
Es primero un albor. . . luego una aurora. . . 
Luego un nimbo de luz de la colina. . . . 

Lueí^o aviva v se eleva v se dilata, 

Y, encendiendo el secreto de la niebla. 
En fragoroso incendio se desata 

Que, en el cercano monte, 
Destrenza su abrasada cabellera, 

Y salpica de luz el horizonte, 

Y en el cielo uruguayo reverbera. 

Despiertan los barqueros. ... ya es la hora; 
Y, al chocar de los remos sobre el rio. 



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J1.A J^EYENDA ^ATRIA 



Alzan la barcarola de la aurora 
De ritmo audaz v cadencioso brio, 
La eterna barcarola redentora. 
Caen de los sauces las dormidas ar})a'^ 
Por impalpable mano arrebatadas: 
La selva entona de la patria historia 
Los no aprendidos salmos inmortales; 
Al beso de la luz se alza la guerra, 

Y brotan de la tierra 
Palpitantes recuerdos a raudales. 
En luminosa ebullición sonora 
Los átomos alados 

Nadan en luz en torno de la aurora, 

Y despiertan los cantos olvidados 
Que en el juncal dormian, 

Los que en el bosque errantes se escondiaii. 
Los que en las nieblas mudos se arropalmn 
O sin eco en el aire discurrían 
É, impulsos sin objeto, desmayaban. 

Y entre la luz, los cantos, los latidos. 
Roja, intensa mirada 

Que por el campo de la patria hernujso 



Paseú 



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yíUAN j^OE\RILLA DE ^AN ]VÍ AR l'IM 



Paseó la libertad, pisan la frente 

Del húmedo arenal Treinkiy Tre^ Hombres; 

Treinta y Tres Hombres que mi mente adora. 

Encarnación, viviente melodía, 

Diana triunfal, leyenda redentora 

Del alma heroica de la patria mia. 



IV 



Helos allí 

Con ademan sañudo, 
Cárdeno el labio y la pupila ardiente, 
De batallar el acerado escudo 
Embrazan sin temblar; ciñen la frente 
Con el pesado casco del guerrero, 

Y altivo un reto lanzan 

Que se estrella en el rostro del tirano; 
Que cabalga los aires, 

Y rueda, v se dilata v se desborda, 
Como, de ruina y destrucción sedienta. 
Embozada en su parda vestidura. 
Lleva sobre sus hombros la tormenta 



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JLa J^eyenda Patria 



1.a voz ele Dios. . . . Clavado en la llanura. 
Del nuevo Sinai sobre la espalda, 
Como león que sacude la melena, 
Azota el aire y estremece el asta 
El pabellón de Libertad ó muerte 
Que el aura agita de. presagios llena. 
Vibrando está en los labios de los héroes 

El santo juramento 
De Muerte ó Libertad, firme, grandioso, 
Que da á los hombres de virtud ejemplo, 
Y se esparce solemne y poderoso. 
Cual se difunde el salmo religioso 
Por las calladas bóvedas del templo. 



¡Ellos son, ellos son! Patria querida: 
No eras tú, nó, la que en servil letargo 
Te adormeciste ayer; virgen tu alma 
Al ostracismo amargo 
Huyó, vencida pero no humillada, 
A salvar. pura nuestra patria idea, 



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^UAN jZORRILLA DE ^AN ]V1aRTIN 



Y hov va torna encarnada 

En la enseña divina que flamea 

En la cerviz del opresor clavada. 

No eras tú, nó, la que su aliento enfermo 

Daba a los lirios que en las tumbas brotan 

Al calor del suspiro de la muerte; 

Yo te descubro allí, radiosa y fuerte, 

Al verter en el lienzo de la noche 

Las tintas del color de la alborada, 

Y en el foco febril de tu mirada. 
Volvernos, con el sol de nuestra historia. 
Ese calor de libertad preciada 

Que el broche rompe de la flor sagrada, 
Y' fecundiza el germen de la gloria. 

Yo te descubro allí; tu alma tan solo 
Dá movimiento a treinta y tres latidos: 
Esos que tornan tu impalpable esencia 
Y, empapada en su luz, alzan la frente: 
Esos que arrancan de la amarga noche. 
La libre aurora del eterno dia, 
Esos tus hijos son, son nuestros padres. 
Patria de mis hermanos, patria mia. 



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J^\ J^EYENDA Patria 



VI 



El alíiia que a su cuerpo retornaba, 

Hirviente circulando 
Se ¡ntiltró, como un hálito de fuego 
En las venas del pueblo, despertando 
A su paso entre bosques y llanuras 

Las auroras dormidas, 

Y los marciales cantos que aguardaban, 
Á medio formular entre los labios, 
Alas para volar. El comprimido 

Grito de guerra remeció los aires; 

Hervor de multitudes 
Brotó de entre los bosques mas lejanos ; 
El casco del corcel hirió la tierra 
Con temeroso son ; el de los llanos 
Clamor inmenso repitió la sierra 

Y se cernieron con siniestro vuelo 
Hasta azotar con sus armadas alas 
E\ verde pabellón de las almenas, 

Aves en cuyas garras 
Cuelgan aún anillos de cadenas 



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^UAN ^ORRILLA DE ^AN ]MarTIN 



Que, al chocarle, derraman en el viento 
Rumor de imprecaciones, 

Murmullos de tumultos invisibles. 
Fragmentos de canciones 

Y metálicos golpes repetidos 
Cuyo ritmo se ajusta 

De un corazón de bronce a los latidos. 

Al sentirlas cruzar entre las sombras. 

Lívidos los espectros 
Que acechan los insomnios del tirano. 
En ronda descompuesta é imposible 

En su almohada se alzaron, 

Y poblaron sus horas agitadas 

Las visiones de muerte atropelladas. 
Rodaron las corrientes sacudidas, 
El incendio rodó por nuestro suelo, 
El Plata rebramó sordas querellas 
Y, como aliadas que aprestaba el cielo. 

Sus alas encendidas 
Agitaron temblando las estrellas. 



14 



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J-rA J^EYENDA j^ATRIA 



Ya es tarde, ya es en vano, 
Extranjero opresor, despavorido 
Apercibirte á la forzada lucha 

Y concitar innúmeras legiones ; 
Ya cercano se escucha 

El libre relinchar de los bridones, 
Que el casco fijarán sobre tu pecho, 

Y el mundo encuentran, a su paso, e^troclio. 

Ya las ferradas lanzas 
Buscan camino, y lo hallarán sangriento. 
Hasta tu mismo corazón, sediento 

De cobardes venganzas. 
En vano en tus mazmorras oprimidos 

Escondes los valientes 
Que encontrastes inermes y rendidos 

En torno de su hogar Oye: ¿no sientes 

Cómo alzan á lo lejos sus hermanos, 

Y llega hasta sus rejas 

El himno con que mueren los tiranos^ 
¡Oh! cuando el grito de los libres suena. 
Nuncios de redención, vuelan sus ecos 
Á hacer brotar fronteras demarcadas 



15 




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^UAN ^ORRILLA DE ^AN ]VIarTIN 



Por la mano de Dios, que i?e levantan 
Del seno de los rios y los mares, 
Y, al escalar los montes, 
Con siluetas de cunas ó de altares 
Van á cerrar los patrios horizontes. 
Ensayando sus bélicos cantares ; 
Arrullos de una cuna que, en el aire. 
Entre el marcial confuso desaliño, 
Se dan de guerra el sonoroso abrazo : 
Primer vagido de un gigante niño 
Que recoge la gloria en su regazo. 



Y aquel grito sonó De la Florida 

En los fragosos campos. 
Rodeada de los bravos redentores, 
Arde la inmensa hoguera 
Que la patria encendió, y arden en ella 
Nombres, tratados, vínculos nefarios 
Que vuelan, en cenizas esparcidos, 
Gomo aliento de pueblos redimidos. 
En ella se fundieron las cadenas 
Para forjar con ellas las espadas, 






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Cri- 



]^\ J^EYENDA Patria 



Y los pechos en ella se templaron 

Que, en Sarandí glorioso, 

Los escombros de un trono amontonaron 



VII 



¡Sarandí! ¡Sarandí!.... Santa memoria, 
Primicia del valor, ósculo ardiente 
Que imprimieron los labios de la gloria 
En nuestra joven ardorosa frente! 

Yo al pronunciar tu nombre, 
De hinojos, la cabeza descubierta, 
Entre las cuerdas de mi lira siento 
Que nace, crece y estridente estalla. 
Todo el fragor de las solemnes horas 
Que escucharon la voz de tu batalla; 
Guando el héroe , los héroes encontraron 
Tardo el corcel y perezoso el plomo: 
Las sedientas espadas abrevaron. 
De roja sangre en el reciente lago, 
Y del tirano en la olvidada tumba 
La cuna de sus hijos levantaron. 



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¡ Sarandí ! 



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^UAN ^OF^ILLA DE ^AN ]VIaRT1N 



íSarandí! Con tu aliento poderoso 
Sus alas formaría la tormenta 
Para azotar la espalda del coloso 
Revuelto mar, y publicar su afrenta. 
Yo en tu potente espíritu me agito, 
Lato en tu corazón, ardo en tus ojos, 
Y en la ¡dea, corcel de lo infinito, 
Sobre tus rudos hombros sustentada. 
Siento flotar mi vida, condensada 
En un grito de honor, eterno grito. 



En tus vastas laderas 
Deja ([ue se dilate el pensamiento 
Y respire el aliento 

De aquellas auras de tu honor primeras. 
Auras de libertad que en su regazo 
Hasta Dios condujeron, 
El sello a recibir de eterna vida, 
Con las almas de bravos que cayeron. 
El alma de la patria redimida. 
Los himnos de tu aurora 
Deja que el labio vibre. 



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Paso 



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JLa j^EYENDA f*ATRIA 



¡ Paso al pueblo novel ! ¡ Sonó su hora ! 
«Que quien sabe morir, sabe ser libre.» 



VIII 

Empapadas en luz y en armonías 

De aquel campo divino 

Las auras nuestro Plata atravesaron 

Y del callado lábaro argentino 
La coronada frente refrescaron. 
Se oyó el batir de sonorosas alas 
Al levantar el vuelo las memorias; 
El encajar de piezas de armaduras 
Mohosas y empolvadas de victorias; 
Se unieron las riberas 

Del Plata libre en fraternal abrazo 

Y cruzaron sus ondas las banderas 
Aves de gloria, cuyas alas fieras 
Azotaron la faz del Chimborazo. 

Y á los que ayer llamara visionarios 
Al contemplar su paso vagabundo, 
La amiga mano el argentino estrecha. 



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Sus 



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^UAN Zorrilla de ^an ]VIartin 



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Sus locuras, sus mitos legendarios 
Detienen hoy en su carrera al mundo. 
Si corta fué tu vista, pueblo hermano, 
Si corta fué, tu ofuscación de un di a. 
La lavaste con noble bizarría 
En la sangre humeante del tirano. 
Pueblo de las cruzadas giganteas; 
Puente del Ande, sueño de Belgrano, 
Pueblo co-redentor: ¡bendito seas! 



IX 



El destrozado imperio. 
De Sarandi en el llano 
Sintió «I golpe mortal; pero ocultando, 

Gomo la pieza herida, 
La flacha envenenada, huyó, buscando 
El matorral oculto, y la escondida 
Selva breñosa en que caer sin vida. 

Mas ya no pudo ser; tras el reguero 
De negra sangre que sus pasos marca. 



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Tras 



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JLa J^eyenda Patria 



Tras el golpe postrero, 
Va Ja heroica legión; su vista abarca 
Un ensanche de luz del horizonte 
Do la mano invisible de la patria, 
De Itüzaingó los velos descorriendo, 
Reproduce en el cielo vigorosas 
Las cifras del ardiente vaticinio 
Que en el íestin de Baltasar, mostraron 
De un trono ya caduco el esterininio. 

¡Itüzaingó! Señor de las batallas, 

¡ Oh Dios de Sabahot armipotente ! 

Tú otorgaste y ceñiste en aquel dia 

Palmas al mártir, y al guerrero lauros: 

Yo pronuncio tu nombre 

Junto al que adoro de la patria mia; 

Habla, Señor, al hijo. 

Narren tus nuncios al heroico pueblo 

La divina leyenda de sus padres ; 

Que la lira del bardo desfallece 

Y, al peso abrumador de los recuerdos. 

Muda y arrebatada se estremece. 



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^UAN ^Zorrilla de ^an JVIartin 



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Todo acabó Ya el mundo 

Firme al novel batallador escucha 
Dictar sus leyes y escribir su historia, 
Y al solio de los pueblos lo levanta 
Que, aun cubierto del polvo de la lucha. 
Trepa el guerrero con serena planta. 

La patria redención ya consumada 
Exije el culto de sus hijos fieles, 
En el altar del alma conservada. 
Tú, a la sombra feliz de tus laureles, 

Patria, patria adorada, 
En tu tranquila tarde del presente, 
De tus santos recuerdos al arrullo, 
Duerme ese sueño de los pueblos grande? 

De pQz noble y orgullo. 

Rompa tu arado de la madre tierra 

El seno en que rebosa 
La mies temprana en la dorada espiga, 



22 



Y 



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J^A J^EYENDA j^ATRIA 



Y la siega abundosa 
Corone del labriego la fatiga. 

Cante el yunque los salmos del trabajo; 
Muerda el cincel el alma de la roca, 
Del arte inoculándole el aliento, 
Y, en el riel de la idea electrizado, 
Muera el espacio y vibre el pensamiento. 
En las viriles arpas de tus bardos 
Palpiten las paternas tradiciones 

Y despierten las tumbas á sus muertos, 
A escuchar el honor de las canciones. 

Y siempre piensa en que tu heroico suelo 
No mide un palmo que valor no emane; 
Pisas tumbas de héroes.... 

¡Ay del que las profane! 

Proteje ¡oh Dios! la tumba de los libres; 
Proteje á nuestra patria independiente 
Que inclina á Tí tan solo, 
Solo ante Ti la coronada frente. 



Montevideo, 4 de Mayo de 1879. 



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23 



JAUTAS 



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Notas de esta Edición 



-V\AAAr- 



« ; Lastro de maldición, lastro sombrío ! » 



láj. 4. 



Se refiere el poeta á los años que mediaron entre el 1817 y el 
1825, durante los cuales la República del Uruguay estuvo some- 
tida sucesivamente á las dominaciones portuguesa y brasilera. La 
dominación brasilera terminó con la heroica empresa de los Trein- 
ta y Tres patriotas uruguayos. 



a Las auras de las Piedras y el Cerrito » 



p<V' 4, 



Las Piedras y el Cerrito. Sitios donde se libraron las dos pri- 
meras batallas en la lucha de la independencia del Uruguay con- 
tra la metrópoli y en las que la victoria coronó las armas nacionales. 

La acción de las Piedras tuvo lugar el 18 de Mayo de 1811; el 
ejército patriota estaba al mando de D. José G. Artigas. La batalla 
del Cerrito se libró el 31 de Diciembre de 1812. El general Ron- 
deau llevó entonces á la victoria al ejército nacional que tenia ase- 
diada la plaza de Montevideo ocupada á la sazón por los realistas. 



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«c La 



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J^A Revenda jPatria 



« La fuerte Ciadade'a 
Baluarte del que fui Montevideo » 



idj 5. 



La Cindadela^ fortaleza de construcción española de la ciudad 
(le Montevideo, estaba situada en el límite oriental de la población 
y ocupaba gran parte del espacio que hoy constituye la plaza de la 
Independencia. Se efectuó su demolición el año 1877. 



tt ¿ Y es la patria de Artigas.. 



ídj. 6. 



D. José G. Artigas, primero y grande caudillo de los orientales 
en 1811. Luchó heroicamente en la guerra de independencia del 
Rio de la Plata contri la metrópoli, y concluida aquella, el Uru- 
guay fué invadido por un poderoso ejército portugués al mando 
de D. Carlos Federico Lecor. Artigas hizo una desesperada resis- 
tencia á la invasión, pero cayó vencido por el número, y tuvo que 
pedir asilo en el Paraguay al dictador Francia que lo confinó en la 
aldea de Curuguaty, donde murió muchos años después de la 
completa independencia de su pais de que fué precursor. 

Murió pobre y rodeado solo de los vecinos del pueblo en que 
pasó sus últimos años, los que amaban y respetaban al viejo cau* 
dillo oriental. 



« pisan la frente 

Del húmedo arenal Treinta y Tros hombres » 



p4/. 10. 



Treinta y Tres hombres solamente á las órdenes de D. Juan Anto- 
nio Lavalleja, atravesaron mal armados y peor pertrechados, el rio 
Uruguay en una ballenera, desembarcaron en la Agraciada el 19 de 
Abril de 1825, y acometieron la heroica empresa de libertar á su pa- 
tria de la dominaiúon extranjera; el éxito coronó sus esfuerzos que 
dieron por resultado la erección de la entonces Provincia CiS" 



20 



plsitina 



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J^OTAS DE ESTA ^DICIQN 



platina en Estado independiente, según la convención de paz 
celebrada en 1828 entre la República Argentina, que tercio en la lu- 
cha, y el Imperio del Brasil. 



« £1 pabellón de libertad ó muerte 9 



pdj. 11. 



Libertad ó muerte: mote inscrito en el pabellón tricolor, rojo, 
azul y blanco, de los Treinta y Tres patriotas uruguayos. Los des- 
pojos de esa bandera se conservan en el Museo Nacional. 



« En rano en tus mazmorras oprimidos 

Escondes los valientes 
Que encontraste inermes y rendidos. » 



p4J' IS, 



En cuanto el gobierno brasilero tuvo conocimiento del desen- 
barco de los treinta y íres, encarceló á todos los ciudadanos de 
Montevideo que creyó en connivencia con aquellos. Los últimos 
(jue, presos en los calabozos de la cindadela, fueron puestos en li- 
bertad el mismo dia de la batalla de Sarandí que los imperiales 
creyeron resuelta á su favor, fueron Don Juan Francisco Giró, 
Don Lorenzo Justiniano Pérez y Don Juan Benito Blanco. 



«. ... De la Florida 
En ios fragosos campos » 



j)4J- 16, 



En la villa de la Florida se reunió el primer Congreso Nacional 
Uruguayo, para hacer solemnemente la proclamación de indepen- 
dencia de k Provincia Oriental, que en ese acto se declaró <l de he- 
cho y de derecho libre é independiente del Rey de Portugal, del 
Emperador del Brasil y de cualquier otro del universo, y con am- 
plio y pleno poder para darse las formas de gobierno que en uso 
y ejercicio de su soberanía estime eonvei^ientes. » 



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27 



Ese 



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J^A J-,EYENDA f^ATRIA 



Ese memorable documento es de fecha 25 de Agosto de 1825; se 
formuló, pues, la declaratoria de independencia cuatro meses y siete 
dias después del desembarco de los Treinta y Tres. El monumento 
conmemorativo de la independencia uruguaya, en cuya inaugura- 
ción se recitó la Leyenda Patria escrita para ese acto, se erijió 
en la Florida el 18 de Mayo de 1872. 



« Que en Sarandi glorioso 
Los escombros de nn trono amontonaron 9 



f d/. 17. 



La batalla del Sarandi se libró el 12 de Octubre de 1825 entre el 
ejército uruguayo, al mando del general Lavalleja, y el brasilero; la 
victoria quedó por los uruguayos. 



<¡c Guando el héroe , los héroes encontraron 
Tardo el corcel y perezoso el plomo » 



ptV' 17, 



El héroe á que se refiere el poeta es el general Lavalleja, quien, 
convencido en la batalla de Sarandi, de la inferioridad de su ejército 
en armas y disciplina, al ver los estragos que produjeron en sus fi- 
las las primeras descargas de la fusilería enemiga, dio la siguiente 
acertada voz de mando: « Muchachos ^ carabina á la espalda y 
sable en mano » orden que, cumplida al pié de la letra, resolvió la 
batalla. 



« Y á los que ayer llamara visionarios » 



p<^/. 19. 



La empresa de los Treinta y Tres fué considerada como de impo- 
sible realización por el gobierno argentino que no creyó oportuno 
estimularla y menos protejcrla cuando se reunian clandestinamente 



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28 



en 



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JSÍOTAS DE ESTA pDICION 



en Buenos Aires los conspiradores; pero el éxito obtenido por los 
sublimes locos uruguayos en Sarandí, determinó á aquel gobierno 
á hacer causa común con ellos y á declarar la guerra al Brasil. 

Esta termino con la batalla de Ituzaingó (20 de Febrero de 
1828) en la que los ejércitos uruguayo y argentino al mando del 
general Alvear derrotaron al ejército brasilero mandado por el mar- 
qués de Barbacena. Esta memorable batalla dio por resultado el 
tratado de piz á que se ha hecho referencia anteriormente por me- 
diación de la Gran Bretaña, resultado que vino á ratificar defini- 
tivamente la voluntad de los Treinta y Tres patriotas que desem- 
barcaron en la Agraciada el 19 de Abril de 1825, y á consagrar la 
declaración que hizo el pueblo uruguayo, por intermedio de sus 
representantes, en la Florida, el 25 de Agosto del mismo año. 



« Ya el mondo 

Firme al novel batallador escucha 
Dictar sus leyes y escribir su historia. » 



pdj. 22. 



La República Oriental inmediatamente después de canjeadas las 
ratificaciones del tratado de paz, elijió su Asamblea Constituyente, 
la que redactó la Constitución de la República, que fué solemne- 
mente jurada por el pueblo, en la plaza que en conmemoración de 
ese acto se llama de la Constitución, el 18 de Julio de 1830. 



FIN 



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